jueves, 17 de abril de 2014

"Nada", Carmen Laforet

Hay libros a los que desde el primer momento tomas un cariño especial; libros cuyo recuerdo permanece tan vivo, que parece que sus historias pasan a formar parte de tu vida; libros que sabes que volverás a leer, pues te da la impresión de que cada vez que lo leas sacarás nuevas ideas, nuevos detalles importantes que seguro que la primera vez se te pasaron por alto.
Es difícil encontrar libros buenos últimamente, al menos lo es para mí. Sin embargo, como todo en esta vida, aparecen cuando menos te lo esperas.

El lunes pasado tenía bastantes ganas de leer, así que fui a la biblioteca en busca de algún título que me llamase la atención. Entonces vi por casualidad "Nada" de Carmen Laforet. Recordé que hace algún tiempo en el instituto estubimos estudiando las mujeres más importantes en la literatura, y que ella fue una, junto a su novela "Nada". Entonces, por curiosidad más que nada, decidí empezar a leer el principio y, como ya he dicho, fue uno de esos libros que desde el principio me cautivó. Me llamaron la atención la cantidad de adjetivos que usaba, la manera de describirlo todo con tanto detalle, en un lenguaje tan armonioso que te hace imaginar todo lo que describe como si lo estuvieras viendo tú misma realmente. Me di cuenta de que merecía la pena leer ese libro, así que me lo llevé a mi casa, y si he tardado más de dos días en leerlo ha sido simplemente porque he querido complacerme en ir leyéndolo despacio, sin prisa, volviendo a leer algunas partes, saboreándolo e intentando sacar lo máximo posible de él.

Es un libro escrito tras la Guerra Civil, y quizás eso es lo que me ha gustado tanto, pues ha sido como vivir una época en la que no me ha tocado vivir, conocer cómo era todo en aquél tiempo, que no queda tan lejos de nosotros, pero que era tan diferente a cómo es hoy la vida.
Lo curioso es que la protagonista se llama como yo, y ensima tiene mi misma edad. Ésto al principio me hizo pensar que me sentiría indentificada con ella, que le tomaría cariño y afecto. Lo que pasa es que ella tiene un papel demasiado pasivo; ella más que nada es la narradora, es la que nos cuenta cómo lo veía todo con sus ojos, pero apenas se deja conocer, y lo más sorprendente es que apenas habla en todo el libro, apenas participa en los diálogos. Hay una parte en la que ella misma reconoce: "Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora."
Así, el libro parece más un diario, escrito tras haber vivido las circunstancias que cuenta, que otra cosa. En este aspecto sí me he sentido bastante identificada, pues yo misma en algunos momentos de mi vida me he sentido así, una mera espectadora de la vida, que lo escribe todo en un diario, contando cómo ve la vida con sus ojos, pero sin participar apenas en ella.




Pero bueno, voy a resumir un poco lo más importante del libro.
El libro empieza cuando Andrea llega a Barcelona para estudiar en la Universidad. Durante su estancia, se queda en el piso de su abuela. Ella llega llena de ilusiones y sueños, que se ven reprimidos tras darse cuenta de que en el piso, junto a su abuela, viven tres de sus tíos: Angustias, Júan y Román, que se llevan fatal entre ellos y están a todas horas discutiendo, lo que influye mucho en el estado de ánimo y las ilusiones de Andrea.
Angustias desde el principio se proclama responsable de Andrea; quiere educarla y ni la deja salir sola por Barcelona. Por suerte para la protagonista, Angustias abandona el piso al finalizar la primera parte del libro, y a partir de entonces Andrea se ve mucho más libre.
Juán está casado con una mujer joven pelirroja, Gloria, y tienen un hijo pequeño. Juán siempre está discutiendo con todo el mundo, sobretodo con su mujer, a la que incluso pega.
Y Román se cree superior a todos los demás. Vive en una buhardilla sobre el piso, pero baja a menudo para comer o tocar el piano que hay allí. Él es el que provoca muchas de las peleas entre Juan y Gloria, pues se divierte manejando a las personas a su antojo, como él mismo llega a reconocer.
Y luego está Ena, una compañera de la Universidad de la protagonista, con quién establece amistad en la segunda parte del libro. Ena es alocada y está cargada de energía positiva, parece una buena chica pero tiene un fondo perverso que demuestra en la última parte del libro, y que es responsable del final del mismo.




Me ha encantado este libro, pues describe tan bien a los personajes que da la sensación de conocerlos en persona, de incluso haber sentido como ellos. Es un libro en el que se van describiendo situaciones agobiantes y casi trágicas que van viviendo los personajes ya mencionados, todo descrito de una forma tan cercana... En serio, merece la pena leer este libro, y ahora entiendo por qué ganó el primer premio Nadal. Sin duda leeré más libros de Carmen Laforet, como "La isla y los demonios" o "La mujer nueva", y ya contaré qué me parecen.

Podría estar aquí hablando mucho más de este libro, pues hay tantos detalles que me llaman la atención, que terminaría escribiendo una opinión más larga que el propio libro, pero creo que no es el sitio y tampoco quiero resultar pesada, por lo que ya lo dejo aquí, animandoos a que leais este libro, en serio.

Un abrazo,

martes, 8 de abril de 2014

¿TIENES MIEDO?

         Hola a todos. Llevo unos días con ganas de hacer una entrada y compartir con ustedes un tema un tanto delicado que me está rondando por la cabeza últimamente. Probablemente muchos de vosotros me digan que no es para tanto, otros que no lo han sentido nunca, otros que no existen, que son los padres… En cualquier caso, me gustaría hablarles del peor de los sentimientos que puede sentir el hombre, EL MIEDO.
        Digo que es el peor de los sentimientos por una sencilla razón, el miedo puede convertir en un simple corderito al hombre más duro y salvaje del mundo. Cuando el miedo es fuerte, más daño hace. Yo distingo dos tipos distintos de miedo. El más simple, es el miedo irracional o miedo a lo que desconocemos. Es ese temor que se siente cuando hay algún fenómeno que el hombre desconoce o no es capaz de controlar (tornados, enfermedades, epidemias, guerras, etc.).
         Si no os importa, yo prefiero centrarme en el otro tipo de miedo, el miedo racional, dentro del cual hay dos niveles. En el nivel inferior está situado el miedo a cosas naturales (insectos, monstruos, el macarra del colegio, etc.). En el nivel superior encontramos el miedo a los acontecimientos venideros (muerte, perdida de algún familiar, etc.). La principal diferencia entre uno y otro, y el motivo por el que el segundo es peor que el primero, es esencialmente el tiempo que ese miedo te angustia y te hace sufrir. Si tienes miedo a los monstruos, solo tienes ese miedo por la noche cuando estas en la cama, puede ser que no puedas dormir pero cuando amanece, sales del dormitorio y ya no hay más miedo hasta la noche siguiente. Nada comparado con el miedo que se siente al saber que vas a perder a esa persona que es tan importante para ti, sin tú haber hecho nada y sin poder evitarlo. Ese miedo te persigue estés en la cama, en el baño, en clase, comiendo, o viendo la tele, y no te deja dormir, ni comer, ni estudiar, ni pensar en nada más que en él… No te deja vivir. Es peligroso porque te crea una angustia constante solo superada por el dolor que sientes cuando tu temor se hace realidad. Es por eso que digo que el miedo es el peor sentimiento que se puede experimentar, se arraiga dentro de ti y te va destruyendo poco a poco hasta que te das cuenta y es tarde.
          No quiero que nadie se lo tome a cachondeo. Creo que es un tema importante, al menos para mí lo es pues, yo mismo, he experimentado ese “miedo racional superior” en varias ocasiones y sé lo que se siente. Es la mayor de las angustias. Te va quemando por dentro y te vas destrozando. Yo de más pequeño, siempre he sido una persona cerrada. ¿Contar mis sentimientos a alguien? ¡NUNCA! Eso era imposible, pero fue ese miedo el que me volvió tan así como soy ahora, con la necesidad de tener siempre a alguien cerca que sepa qué es lo que siento y lo que me pasa. Alguien que en caso de que ese tipo de miedo me vuelva a mermar, esté preparado para ayudarme a salir. Las veces que sentía ese miedo, me encontré solo y, reconozco que si no fuera por la ayuda de algunas personas, hubiera acabado mal. No es ninguna tontería, enserio, puedes acabar mal de verdad y todo por no querer aceptar las cosas. El miedo es muy poderoso, y yo siempre me he sentido orgulloso porque no había tenido miedo a nada. Desde que nací, nunca había sentido el miedo en el cuerpo y me reía de mi hermano pequeño porque por las noches me decía que me quedase a dormir con él porque tenía miedo de los monstruos con la cara llena de lágrimas. Yo no tenía miedo y lo dejaba solo.
La vida es dura y te enseña las lecciones a base de palos. Resulta irónico pero, la situación se tornó. Cuando yo tenía 17, era ya muy grande, pero ese miedo me entró a mí. No miedo a los monstruos, miedo a perder lo que más me importaba, y era yo el que lloraba en mi habitación y venía mi hermano pequeño a abrazarme y a llorar conmigo y me decía bajito “No te preocupes grandullón, que todo los miedos se pasan, yo dormiré contigo verás como no pasa nada malo.” Bueno, lecciones que la vida te da.
El miedo me jugó una mala pasada, pero comprendí una cosa importante. Un hombre que nunca ha sentido miedo, ha llorado o se ha enamorado, un hombre que nunca ha SENTIDO, no es un hombre. El miedo solo me afectó cuando tuve algo que me importó más de lo que nada me importó nunca y en ese momento, el hombre sin miedo se creó uno, miedo a perderlo. No me arrepiento por ello, el revés, eso me ha hecho madurar muchísimo y saber llevar el miedo con más facilidad. La verdad es que ese miedo nunca se ha ido, siempre me acompaña, pero he aprendido a ignorarlo, aunque a veces me golpea fuerte. Llevo un par de días raro, estoy como en otro mundo, solo digo tonterías y me comporto de forma extraña. Bueno, ahora sé que era un poco de ese miedo que me hacía sentir mal y no me dejaba disfrutar de la alegría que en estos momentos de mi vida tengo. Por eso lo odio, estoy pasando yo creo el mejor momento de mi vida, estoy más feliz que nunca y estoy empezando a disfrutar. Sin embargo, ya sé que cuando este miedo regresa, siempre intenta perturbarme y destruirlo todo, pero esta vez no lo dejaré, seré más fuerte que él, él que siga su camino y yo seguiré el mío, con quien realmente me importe.

El motivo que me ha llevado a escribir esto no es poner mal cuerpo a nadie. Si ha sido así, pido perdón. Mi intención es que si alguien lee esto y me entiende porque esté pasando o haya pasado lo mismo, que sepa que no estará solo, que yo sé lo angustioso que es y creo que todos tenemos derecho a tener alguien cerca que nos escuche y nos apoye. Que cuente conmigo en lo que pueda ayudarle. Muchas gracias por dedicar un poco de vuestro tiempo a leer mi reflexión. Buenas noches a todos. Comenten.