miércoles, 9 de septiembre de 2015

¿Prefieres buscar o descubrir?

Imagina que vas de compras a buscar un modelo de zapatos que te gustan mucho.

Seguro que lo primero que harás será ir a la zona de tiendas que conozcas. Aunque esas tiendas tengan chaquetas, gorras y cosas que normalmente te llamarían la atención, tú sólo vas a por esos zapatos. Tienes tantas ganas de tener ese modelo…lo quieres, lo necesitas… y no te das cuenta que esa tienda tiene un montón de cosas que podrían gustarte.Lo mismo ocurre al buscar pareja, un grupo de colegas o tu mejor amigo. Funciona exactamente de la misma manera. El hecho de buscar algo en concreto condiciona lo que vas a encontrar, y si vas directo a esas tiendas te estarás perdiendo otras muchas, incluso con mejores precios.Y mientras buscas ese modelo de zapato específico, puedes estar perdiéndote todas esas chaquetas y gorras de tu alrededor.

Cervantes dijo una vez:
"El que no sabe gozar de la aventura cuando le viene no debe quejarse cuando pasa"
Y yo, personalmente, baso parte mi vida en una analogía que bauticé como ” las puertas entreabiertas”.

Aunque suene raro, cada vez que conozco a una persona me imagino un número infinito de puertas delante de mí. Y cada una de ellas puede contener algo distinto detrás. A lo mejor una nueva amistad, un lío de una sóla noche o, quizá, el amor de tu vida. O, no sé, igual ese amor especial que no es amistad y no es sólo sexo y que no sabes muy bien cómo explicarlo porque, entre el blanco y el negro, hay un sinfín de tonalidades de gris. Apuesto a que ya habías escuchado esa frase antes. Plantéatelo así. Si solo buscas un lío de una noche, quizá te pierdas a ese amigo especial. Si te cierras a tener sólo amor, puede ser que se te pase la mejor noche de sexo que hayas tenido jamás. Si sigues buscando sólo amistad a lo mejor no conocerás al amor de tu vida.

Creemos que todo lo que hacemos lo pensamos de una manera racional, y que nuestros instintos son cosa del pasado. ¿Tú te consideras una persona racional? ¿Totalmente dueña de sus actos y de todo lo que haces? Son muchos los instintos que nos mueven todos los días… muchos los instintos que creemos no tener y que luchamos contra ellos. ¿Por qué no nos guiamos más por lo que sentimos de manera irracional e inexplicable? Por las mariposas, por el nudo en el estómago… y no por lo que pensamos o nos hace pensar la sociedad podrida de prejuicios en la que vivimos. “Ah no! yo es que se lo que busco. Quiero una pareja que me quiera, que me mime y que valore lo que hago y que me haga sentir especial“. A ver ¿hablamos de enamorarnos o de pedir una hamburguesa en un restaurante cualquiera? No sé… que tal una vida donde arrepentirnos de lo que hemos hecho y no de llevarnos el “¿y sí?” a la tumba.

Si decides dejar las puertas entreabiertas, si decides no prejuzgar…¡no os podéis imaginar la cantidad de experiencias que se pueden llegar a vivir! ¿Sabéis cuántas veces me han mirado por encima del hombro y me han dicho: ” ¡estás loco! esas cosas pasan solo en las películas”.Os puedo asegurar que eso no es verdad, y también os puedo asegurar que ninguna de esas cosas llevaba la etiqueta de “es lo que se debe hacer”, “es lo mejor para mi futuro”, ” es lo que me conviene”, “qué pensarán de mí”. ¿ De verdad es más importante toda esa basura que tu felicidad? Porque yo creo que no.

Recuerdo algo que leí no hace mucho que decía: “Explicar un sentimiento es como entender la poesía, tú tienes tu metáfora y yo tengo la mía”. Lo que quiere decir es que cada uno entiende lo que siente de una manera distinta y cada uno tiene puntos de vistas diferentes, incluso sobre una misma cosa, pero a mi parecer, para tener un opinión válida de algo, debes haberlo vivido primero.

Quizá os suene esta escena: “Hijo, cómete la verdura…mamá, es que no me gusta…cómo sabes que no te gusta si ni la has probado?”. ¿Sabes por qué tanta gente se rodea de personas equivocadas? Porque dicen que no les gusta la verdura cuando jamás la han probado. Se pasan la vida buscando algo que piensan, sin darse la oportunidad de descubrir algo que sienten.

lunes, 31 de agosto de 2015

El valor de la amistad

Hola a todos, si es que alguien sigue leyendo este blog. Sé que últimamente prácticamente todos hemos abandonado este pequeño refugio de expresión que nos ofrecía el blog, sinceramente a mi ya no me apetecía escribir. He pasado una etapa de rabieta, pues me entristece mucho pensar que a mi me encanta escribir, pero cada vez a menos personas les gusta leer. Es algo que me desmotiva mucho, me siento una incomprendida en este mundo que cada vez se nos va más de las manos, y ni siquiera me tranquilizaba la seguridad que nos ofrece el blog de que al menos leeremos las entradas entre nosotros mismos. No. Eso ya no es una seguridad.

Estoy bastante harta y mosqueada, la verdad, y seguramente termine arrepintiéndome de mucho de lo que hoy escriba, pero me da igual, es lo que pienso y es mi opinión, y aunque dentro de un rato cambie de parecer, no voy a borrar esta entrada pues es algo que he pensado en algún momento y no me arrepentiré de ello.

"La amistad", qué complicada de conseguir y qué fácil de perder. Supongo que es como la confianza, se gana con mil actos y se pierde con tan solo uno. Hoy en día la amistad es prácticamente inexistente. Existen los "colegas" y aquellas personas a las que llamamos amigos pero que realmente no conocemos. Me sorprende ver cómo dos muchachos que se conocen de un par de semanas ya se llaman "hermanos" entre ellos, y luego pasa un mes y a lo mejor ya no se saludan ni por la calle.

En mi corta vida ya he visto de todo: desde que estaba en primaria ya consideraba a algunas personas amigas que luego al pasar a la ESO hicieron como que ni me conocían. Entonces pensé que era cosas de niñas, que a esa edad uno no tiene claro el sentido de la amistad. Pero es que conforme he ido creciendo me he ido decepcionando con algunas personas aún más.

Quizás mi error es que me gusta conocer a las personas. Cuando conozco a alguien me gusta preguntarle sobre su vida, ofrecerle mi amistad y confianza. Confío demasiado pronto, brindo demasiado fácil mi mano y muchas veces me equivoco, claramente. Me ha sorprendido conocer a personas con las que considero que me he portado bien, y por alguna razón hoy las veo por la calle y son completos desconocidos. Hay otras personas que han sido mis amigos y luego me han pedido salir, al decirles que no los veía como algo más que amigos, también han dejado de mirarme y han adoptado la actitud de hacer como que no me conocen. ¿Cómo es posible? A decir verdad me alegro de mis decisiones, pues considero que si quieres a alguien, no deja de importarte de un día a otro y dejas de valorar su amistad sólo porque quieres algo más, que al fin y al cabo ¿qué es? ¿besos? ¿restregarse? Me pone los pelos de punta ver cómo hoy en día eso se valora más que la amistad. Pero eso ya es otro tema.



Si sigo analizando las decepciones que me he llevado a lo largo de mi vida, llegamos al punto de los "amigos condicionados". Esos no deberían considerarse ni amigos, son aquellos que solo están para los que les conviene, pero no les importas lo más mínimo. Ya puedes ir a morirte a la puerta de su casa, y estoy segura de que no abrirían ni para darte un vaso de agua. Eso sí, si ellos te piden un favor o te dicen de dar una vuelta tienes que estar ahí y contestar al instante, porque si no ya empiezan con las quejas.

Y luego están los que tú consideras amigos, pero que ellos no te consideran como tal. Son aquellas personas que conoces, con la que sales a tomar algo, vienen en tu grupo de amigos, siempre les invitas a dar una vuelta, o a cualquier excursión o plan, si vas de viaje piensas en ellos, les hablas y preguntas cómo van... yo qué sé, los consideras amigos y los tratas como tal. Pero llega un momento en el que te das cuenta de que ellos no te consideran amiga.

La amistad es algo que se debe entregar sin condiciones. Yo considero amistad a estar ahí para lo bueno y lo malo, para ofrecer tu apoyo, tus consejos, tu tiempo... sin esperar nada a cambio. Pero ¡coño! Somos humanos y tenemos sentimientos, y aunque se supone que en la amistad no es convenida, al fin y al cabo esperas que la otra persona valore tus actos y que esté ahí. Pero el problema de portarte bien es que siempre se te pide más y más, y como decía antes, la amistad de gana con mil actos y se pierde con solo uno. Y a lo mejor cualquier detalle que olvidas, cualquier detalle que no consideras importante y que tú le perdonarías a la otra persona, pues a ti no se te perdona y pareces la peor persona del mundo.

Y estoy harta. Me he dado cuenta de que si la amistad se gana con mil actos, quizás mi amistad se gana sin ninguno. Mi problema quizá es ese, que ofrezco mi amistad demasiado rápido, confío demasiado pronto en las personas, les perdono cosas que ellos no me perdonarían nunca, doy todo de mi pero no es suficiente.

No soy perfecta, seguramente soy la peor amiga del mundo. Pero puedo prometer que si soy la peor amiga del mundo no es porque yo quiera, porque intento dar lo mejor de mi, si no puedo ser mejor amiga o mejor persona es porque no puedo dar más de mi, porque tengo mis errores, pero los que me conocen saben que un día me puedo equivocar, pero al siguiente pido perdón, intento solucionar los problemas, digo las cosas claramente e intento salvar la amistad.

Porque los mejores amigos no son los que nunca tienen problemas ni diferencias, son los que los tienen pero los hablan e intentan solucionar. Lo que no se puede es actuar como "solapones", callarse lo que les molesta de mi, no decírmelo, ir acumulándolo todo y luego no considerarme buena amiga. Yo puedo cambiar lo que sé que te molesta, pero no puedo cambiar algo si yo pienso que no es un problema. Pero claro, no todos piensan así.

Todos coincidimos en que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de una mano. Pero tener ya unos amigos definidos no implica cerrarse a nuevos amigos, porque el mundo está lleno de buenas personas, personas que merecen amistad, merecen ser escuchados y apoyados. Mi teoría es que todo el mundo merece una oportunidad hasta que demuestra lo contrario. Y así me llevo tantas decepciones.

¿Pero sabéis que es lo mejor? Que a pesar de que de las decepciones se aprende, yo no voy a cambiar mi forma de ser por nadie. Puedo cambiar mis errores, eso sí, pero no pienso pensar que todas las personas son malas sólo porque algunos ya me fallaron. Porque yo no creo que la amistad se pierda solo por un acto, creo que la verdadera amistad supera todos los obstáculos y no abandona en el primer bache o error.

"Es una locura odiar todas las rosas sólo porque una te pinchó". El Principito.


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miércoles, 26 de agosto de 2015

Etiquetas

 Hola chicos, siento todo el tiempo que llevo sin dar señales de vida. Han sido tiempos difíciles, tiempos de cambios y tiempos de actuar y crecer. Hoy es uno de esos días en los que siento que algo dentro de mí no deja de inquietarme y necesito plasmarlo y compartirlo con vosotros. Hoy siento una gran indignación, hoy siento una gran pena dentro de mí, algo que me deja perplejo y sin palabras, atónito ante la cruda realidad.
          Para que entendáis de lo que estoy hablando, necesito hacer una aclaración sobre las etiquetas. A lo largo de la historia, el hombre ha sentido la necesidad de “etiquetar” y definir todo cuanto le rodea ¿por qué? Para poder controlarlo y clasificarlo. Si le ponemos nombre a algo podemos compararlo con un grupo y así hacemos más fácil la ardua tarea de darle un trato adecuado para la etiqueta que lleva. ¿Por qué somos los humanos los que ponemos etiquetas a las cosas y los animales y no es al revés? Porque los seres humanos somos, o al menos así lo consideramos, las criaturas superiores que pueblan la tierra. Esa superioridad que tenemos sobre el resto de especies y cosas nos da el “poder de etiquetar”. Tú serás un <perro>, tú un <tomate>, tú una <pelota>… y así hasta etiquetar todo cuanto conocemos.
 Bien, ya hemos llegado a una conclusión muy interesante, quien pone una etiqueta a algo es porque tiene una cierta superioridad o al menos así lo considera. ¿Dónde está el problema? El problema viene cuando nos dedicamos a poner etiquetas a las personas. Tú eres un <friki>, tú eres una <guarra>, tú eres <mala>, tú eres un <yonki>, tú… Tú eres una persona como yo, como él y como ella. Quién nos da ese derecho de poner etiquetas a los demás, de juzgar sus gustos y sus actos y ponerles la etiqueta, nadie es superior a nadie para poder ponerle una etiqueta. Nadie es malo ni bueno, nadie es santa ni puta, nadie es inútil o un genio. Todos no somos iguales, está claro pero eso es lo que nos hace a todos diferentes, no superiores. Por ejemplo, algo evidente a simple vista es mi complexión física, soy bastante alto, pero eso no me da derecho a usar mi altura como pretexto para decidir que todos los que no son tan altos como yo son <bajitos> y por eso son menos que yo.
Hay una cosa que me indigna más que el hecho de poner una etiqueta a alguien que es lo que me ha movido a escribir todo esto. Una cosa es etiquetar y otra catalogar. En cierto modo una etiqueta define lo que está etiquetando pero cuando se cataloga a alguien se le está tratando con mucha más superioridad y desprecio. Cuando se cataloga a alguien se la está juzgando por hechos que quizás ni ha cometido o que no son tal como los conocemos, solo se usa como base la opinión propia, sin conocer a esa persona ni lo que realmente ha pasado. En un momento determinado nos conviene decir antes los demás o ante nosotros mismos que esa persona es tal cosa y ya siempre la llamamos por ese nombre. No está bien catalogar a la gente solo por lo que nos cuentan o lo que creemos que ha pasado. Lo que cada uno piensa o cree es tan subjetivo que no puede ser más que eso, una opinión personal. Cada uno es libre de pensar lo que quiera, pero no de catalogar a los demás. Ese es <malo>, esa es una <puta>, ese es un <cabrón>, esa es <mala>. Hay que querer a todo el mundo y respetar.
¿Qué es bueno y qué es malo? ¿Estáis seguros de que cada uno de nosotros tenemos el poder de decidir lo que es bueno y lo que es malo? Podemos decidir que es malo para nosotros, pero jamás para lo demás. “No te juntes con fulanita que es mala y te arrastra a hacer cosas malas…”, “no salgas con fulanito que no te quiere…”, “no estudies tal cosa que no tiene salidas…”, “no compres esa ropa que es muy fea, te sienta mejor aquella…”. ¿Seguro que tenemos tanto poder? Solo podemos aplicarnos esas decisiones a nosotros mismos. Podemos aconsejar pero no decidir por los demás, cada quien que haga lo que quiera con su vida. Si no nos gusta no aguantamos, no hay otra. ¿Por qué digo todo esto? Porque luego es muy fácil catalogar a alguien de <malo> cuando hace algo que a nosotros no nos gusta. ¿Pensáis que si una chica está enamoradísima de su novio y quiere acostarse con él es una puta por hacerlo? ¿Pensáis que si un chico quiere estudiar una carrera que cree que le gusta pero luego descubre que no es lo que buscaba y lo deja es un vago y un fiestero? ¿Pensáis que si alguien descubre que no está contento con su sexo y quiere cambiarse es un enfermo mental? Si nuestra respuesta es sí en todos o algunos de los casos, hay que intentar desarrollar dos cosas muy importantes para ponerle solución: Respeto y Tolerancia.
Cada uno tiene su forma de ver la vida pero que la tuya y la mía no sea la misma no me convierte en <malo>, ni en un <libertino>, ni en un <vago>. Simplemente me convierte en la persona que YO he elegido ser y que para mí es buena. Nunca debemos catalogar a la gente y es algo que todos hacemos, yo el primero, soy tan culpable como cualquiera, no estoy diciendo que yo sea perfecto, solo que es algo que no debería pasar nunca.

Sed vosotros mismos, vivir vuestra vida y, sobre todo, dejad que los demás vivan la suya. Un saludo a todos y, como siempre, muchas gracias por dedicarme un poco de vuestro tiempo. Hasta la próxima.

jueves, 13 de agosto de 2015

Felicidades Roberto :)

Gracias por ser una persona maravillosa, un punto de estabilidad, una fuente de consejos, un amigo, un confidente, gracias por ser Tito Roby :)

lunes, 10 de agosto de 2015

Viajes en coche


Todos viajamos en coche, ya sea a destinos cercanos como a lejanos. Muchos pensaran que el viaje en coche puede ser algo aburrido: salir de tu ciudad y ver kilómetros y kilómetros de asfalto, ver cientos de coches, aguantar el traqueteo de las zonas donde la carretera esta algo más desgatada y tiene baches... Debido a este pensamiento, tendemos a ocupar el tiempo del viaje sumidos en nuestro smartphone usando diferentes redes sociales o jugando, lo que hace que no apreciemos la belleza natural y arquitectónica que se nos ofrece durante el viaje. No me refiero a filigranas en las carreteras, sino a las estampas que podemos apreciar.
"Horses & Music 2015" - Escuela de Arte Ecuestre "Costa del Sol"

Si ponemos como ejemplo viajar durante las primeras horas de la mañana o incluso durante el amanecer, podemos apreciar como el cielo va clareando y el sol aparece entre las montañas, las ciudades empiezan a tener movimiento... Si viajamos durante la mañana o la tarde podemos apreciar la naturaleza en su pleno fulgor: animales que buscan comida, trabajadores del campo trabajando sus tierras... Los viajes que se dan en la tarde, durante el anochecer, a mi juicio, son los que más belleza nos aportan: el sol de un tono anaranjado ilumina con sus últimos rayos la naturaleza, dando paso a un escenario oscuro que iluminará la luna, otorgando una magia indescriptible. Si a estos viajes les añadimos ciertas canciones, pueden convertirse en momentos fascinantes.

Este fin de semana lo he pasado en la localidad malagueña de Estepona donde, aparte de la visita familiar, he disfrutado de toda la belleza y el arte que la Costa del Sol puede ofrecer: infinitas zonas de costa bañadas por el Mar Mediterráneo, la degustación de la exquisita cocina que nos brinda la zona mediterránea y una espléndida muestra de Arte Ecuestre ofrecida por la Escuela de Arte Ecuestre “Costa del Sol” donde pude disfrutar de la combinación de la música tradicional del territorio andaluz como el flamenco y un espectáculo de arte ecuestre de mano de los jinetes profesionales que regentan este Centro de Arte Ecuestre.
Jinetes saludando al público del Palco Principal sobre sus caballos.


Mi viaje comenzó en la temprana mañana del Sábado junto a mi padre, saliendo de casa aproximadamente sobre las 8 de la mañana en dirección a la malagueña ciudad. Aunque el tiempo no acompañaba mucho, a medida que avanzaba por las provincias de Sevilla y Málaga, el tiempo mejoraba poco a poco. Acompañados de una tranquila selección musical que sonaba en la radio del coche, ver despuntar los rayos de sol a través de las nubes que cubrían el cielo por la zona central de la comunidad autónoma, hizo de la mañana un momento especial, donde el paisaje mostraba los mágicos rincones que hacen de Andalucia más especial de la península. A medida que la mañana avanzaba y nos acercabamos a la costa malagueña, empezamos a observar la diversidad turística que ofrecemos, así como la diversidad cultural que podemos aprender de nuestros turistas. Aproximadamente sobre las 11 de la mañana lleguamos a Estepona, haciendo nuestra primera parada en la Escuela de Arte Ecuestre para hacer la visita principal a mi madre. Despues de la emoción del reencuentro se ofreció a presentar en su oficina a “su hijo pequeño del que nunca dejaba de hablar” y a mostrarme las instalaciones mientras mi padre descansaba del viaje en el restaurante. Tras visitar a mi madre y ver las instalaciones del Centro Ecuestre, mi padre y yo decidimos ir a la playa cercana al centro mientras llegaba la hora de comer. Despues de seis años sin visitar la playa, mi primer impulso no fue el de tirarme al agua, sino el de pasear por la arena mientras observaba el horizonte y escuchaba las olas chocar con la arena de la costa. Despues de comer, decidimos dormir un poco para descansar del viaje y prepararnos para el espectáculo.

Personalmente, se que los artes andaluces por excelencia son el flamenco y la equitación, pero no conocía las sensaciones que producen ver las muestras de doma ecuestre en directo. Realmente fue algo indescriptible que recomiendo ver al menos una vez en la vida en directo, ya que cambia muchísimo de una forma a otra.
Durante el Domingo, mi padre y yo paseamos por el Paseo Marítimo de Estepona tras hacer diferentes recados hasta la hora de comer, cuando mi madre terminó su turno y volvió a casa. Aprovechamos para almorzar en el restaurante especializado en pescado y marisco de debajo de casa e ir a la playa a disfrutar de la maravillosa tarde que se ofrecía, aunque tuvieramos que tener bastantes precauciones mientras nos bañábamos debido a la presencia de medusas.

Durante el camino de vuelta, pese a tener que soportar diferentes retenciones por la autovía de la costa, pudimos disfrutar de un maravilloso escenario que nos ofrecían los rayos de sol anaranjado reflejandose en el agua del mar mientas el cielo perdía su brillo y los faros de las zonas costeras comenzaban a funcionar. Acompañados de la misma música que en el camino de ida, pudimos disfrutar de la vuelta y de las estampas que nos regaló, como la capital malagueña iluminada por las farolas de las calles y el Mar Mediterráneo delimitando el fin de la península...
Para finalizar esta larga entrada, aconsejo dejar de mirar las pantallas de los smartphones y mirar las maravillas que el paisaje andaluz ofrece.

viernes, 19 de junio de 2015

Como en casa, en ningún sitio.

Aprovecho el día de mi graduación para escribir esta tan reflexiva entrada, con carácter de crítica constructiva hacia los centros educativos que he estado visitando últimamente. Como podréis ver, he adoptado una forma de escritura gramaticalmente bastante correcta, esto se debe a todos los papeles que llevo rellenando unos meses.
El tema principal de esta entrada se refiere a una comparación entre el trato a primera vista del personal administrativo de diferentes centros con respecto al instituto en el que estudio. Sé que e tiempo que he estado estudiando en mi instituto ha hecho que conozca a fondo al personal administrativo, así como al profesorado, y esto haga que mi trato con ellos sea más familiar, pero, aunque en los otros centros me hayan atendido personas que ni conozco ni me conocen, es importante la educación y el saber estar en el trato.
Comenzaré describiendo al personal administrativo de mi instituto. Llevo estudiando en el I.E.S. Manuel Reina, de Puente Genil 6 años, lo que me ha llevado a conocer a muchas personas con las que he tratado día a día, siempre con la educación, el respeto y el saber hacer como seña de identidad, aparte de una sensación de seguridad y confianza enorme. Desde las conserjes, hasta el Director del centro son personas atentas y pacientes, dispuestas a ayudarte en todo lo posible.
Continúo con el primer centro: Conservatorio Profesional de Música “Maestro Chicano Muñoz”, Lucena. Tras decidir cursar durante los próximos años los estudios básicos de música en la localidad lucentina, llego a este conservatorio a pedir los papeles de preinscripción. En la ventanilla de Conserjería, una señora muy amable me entrega un papel y me explica que, para cualquier duda, podría visitar al Director del Conservatorio, al que, tras rellenar el papeleo, tendría que entregarle los documentos. Una semana después, vuelvo a Lucena a entregar los papeles ya rellenos. Me atiende el director, un hombre de mediana edad, de porte formal, que derrochaba confianza en sus palabras. Varias semanas después, vuelvo al conservatorio para realizar la prueba de aptitud. El profesorado que ejercía las veces de jurado, desde el momento que entré en la sala, se dirigió a mi con seguridad, confianza y simpatía. Este tipo de personal es el ejemplo de “trabajadores que saben trabajar”.
Segundo centro: I.E.S. Marqués de Comares, de Lucena. A este centro acudí el pasado miércoles para rellenar la solicitud de preinscripción para cursar mis próximos estudios. En la ventanilla de secretaría, la administradora que, pese a la rapidez de su habla, el algunos momentos irritada, hacía bien su trabajo, se empeñó en que entregara los papeles rellenos a ordenador, algo que no podría hacer, ya que tendría que volver a casa y perder otro día para entregarlos. Tras ello me informó de que era muy probable que no pudiese entrar en el horario que a mi me convenía y me informó del centro al que debía acudir. Este ejemplo es de una persona que sabe hacer su trabajo, pero podría hacerlo mucho más llevadero, ya que, cuando salí del centro tenía la sensación de poseer menos información de la que tenía antes de entrar, aunque ahora tuviera más papeles que me dieran dicha información.
Tercer centro: I.E.S. Vicente Núñez, en Aguilar de la Frontera. Tras 10 interminables minutos llamando al timbre de la entrada cuando el sol de la mañana pegaba más fuerte, conseguí entrar al centro y, obviando la información que se me pudiera dar desde conserjería, directamente acudí al despacho de Jefatura de Estudios, donde se me derivó al de Administración. Desde que abrí la puerta de la sala de administración, sentí un ambiente algo negativo hasta que, cuando la señora administradora abrió la boca, confirmé mi teoría, recibiendo un trato pésimo, ya que esta señora no admitía mis papeles rellenos a mano. Tras recibir una voz más alta de lo normal y salir del despacho malhumorado ordenándole a voces tranquilidad, rellené los formularios y se los entregué, alegando que no volvería a admitir un trato como el recibido. Tras ello, me dirigí al despacho de Dirección a informarme sobre las adjudicaciones de centros, con mi sorpresa que, el hombre que buscaba una carpeta en el armario de la sala donde entregué mis papeles era el director. Tras un amable trato con este hombre, salí del centro con cierta satisfacción por su trato recibido. La primera persona que me atendió es una persona que no parece feliz con su trabajo, todo lo contrario que la segunda, que parece tener un trabajo que le gusta y le apasiona.

 Para acabar con esta entrada, aunque se que nadie de los que serán nombrados leerá esto, me gustaría agradecer al profesorado que he tenido todo este tiempo todas las horas que me han dedicado. Estas personas como Antonio J. Herrador, ese profesor de lengua que me hacía leer en clase a voces; Jana Rivera, que no sólo enseñaba Ciencias Sociales, sino también nos hacía buenas personas; Inma Revelles, con la que aprendí que un profesor no es borde, sino que hace su trabajo en función del trato recibido; Rafael López y sus chistes sin sentido; Eloísa Villarreal, María Carrégalo, Juan Cano, Inma Román, Jose A. Gómez, Juan Rojas y, por supuesto Antonio Rodríguez, junto a todos esos profesores y profesoras que forman una segunda familia, no sólo por la ayuda recibida, sino por los buenos ratos fuera del instituto, darles las gracias, aunque esta noche vuelva a hacerlo. Todas estas personas son aquellas con las que, aunque salga de mi pueblo, vaya donde vaya, llevaré en mi mente.

domingo, 14 de junio de 2015

"Escobillas y papel del váter" por Paula

Sobre mi:

Me llamo Paula y tengo la suerte de ser la hermana de Andrea. Tengo 12 años pero creo que tengo la cabeza de una persona de 80. Aún recuerdo cuando era joven y estaba yo cogiendo ajos con la calor que hacía en medio de aquél campo tan grande. También recuerdo cuando me tiraban calabazas calientes y me quemaba los dedos en una fábrica. La cosa es que yo he pasado mucho en la vida y os hablo desde la experiencia.





Hoy voy a hablar sobre por qué nunca hay papel en el váter. Seguramente alguna vez en vuestra vida habéis llegado al váter corriendo, os habéis dado cuenta de que no había papel pero como no podíais aguantar y habéis empezado a hacer algo. Pero después de hacer vuestras necesidades os habéis preguntado seguro ¿y ahora cómo me limpio? Habéis empezado a decir a alguien de vuestra casa que os traiga un rollo de papel, pero después os habéis dado cuenta de que no había nadie en vuestra casa y no sabíais qué hacer. Entonces os habéis empezado a preguntar ¿por qué nunca hay papel del váter cuando más lo necesito? Pues es una pregunta un poco complicada de responder, porque hay veces en las que vas al váter y no tienes prisa por hacer nada y te encuentras un megarrollo de papel y empiezas a coger e incluso se te cae al suelo. Pero da la casualidad de que cuando tienes prisa por ir no hay papel. Es un poco raro eh. Seguramente no hay porque antes que tú ha llegado tu hermano pequeño y ha empezado a jugar con el papel y se lo ha llevado todo o lo ha tirado por todo el suelo y cuando tú has ido te lo has encontrado todo tirado por el suelo y aunque saber que lo necesitabas te ha dado asco cogerlo y no has podido. O también puede ser que no haya papel porque antes de que tú vayas ha ido una gorda y ha pillado todo el royo y se lo ha fundido todo para ella sin pensar en lo que los demás necesiten. Bueno, la pregunta es ¿qué hago yo ahora sin papel? Te puedes esperar a que llegue alguien y te lo de, pero tienes prisa. O otra opción es irte, pero irte con el culo sucio es un poco asqueroso, eso no estaría bien y lo sabéis todos, al igual que sabéis que alguna que otra vez lo habéis hecho y eso demuestra que no tenéis vergüenza ni educación.

Ahora voy a hablar un poquito sobre lo de la escobilla en el váter. Eso es un tema muy importante porque a veces hay gente que echa de todo y ahora llegas tú tan relajado y tranquilo pensando en lo a gusto que te vas a quedar cuando entres al váter y ahora resulta que está todo el váter muy sucio, y claro, todo va bien si hay una escobilla al lado porque tú lo limpias aunque sabes que te da asco, pero bueno.., ¿pero qué pasa si no hay? ¿Qué haces? Pues que te aguantas y haces lo que tengas que hacer. Pero si eres una persona escrupulosa que ni siquiera te atreves a entrar en un váter público, cuando ves el váter sucio no puedes aguantar y no sabes qué hacer. Porque claro, también puedes llamar al encargado de limpieza, ¿pero y si estás en un bar cutre que no tiene ni servicio de limpieza? También puedes llamar al que está en la barra para atender, pero ¿qué haces si es un chulo que te dice que no en toda la cara? En resumen, si no hay escobilla es dos cosas, o que no tienen dinero para comprarla o que pasan totalmente de las personas. 

Y ahí os dejo la importancia de que siempre haya papel del váter y una escobilla. Y si es un váter público es aún más importante. Espero que si no tenéis una escobilla ni papel del váter salgáis corriendo ahora mismo a comprar, si no es que no sabéis lo que es la educación. Espero también que os haya gustado y os haya servido de reflexión. 

sábado, 13 de junio de 2015

¡Felices 18 Jesús David!

Hoy es el cumpleaños de uno de nuestros miembros del blog, el único que a día de hoy sigue subiendo entradas a pesar de ser uno de los últimos en incorporarse, ¿Qué puedo decir en un día tan importante? Nos conocemos ya desde hace tres años. Sin duda nunca olvidaremos aquel día del verano de 2012 cuando el destino hizo que nos conociéramos de una forma un poco peculiar, pues por un malentendido casi nos peleamos, pero ese mismo destino quiso que a día de hoy, tras algunos altibajos, sigamos todos juntos. Eres una persona maravillosa, estamos muy contentos de poder contar contigo en el blog y en la vida real como amigo. Te deseamos de corazón que disfrutes tus 18 años como te mereces y recuerda: "Ya veo que sabes dónde está el jamón y dónde está el queso, pero tranquilo, no te arrancaré el pescuezo". Un abrazo muy grande de tus amigos y compañeros de blog.

lunes, 1 de junio de 2015

Reflexiones variadas para la profunda inspiración



                Nuestra directora, que hace poco ha escrito una gran entrada, me pedía hace pocos días que subiera una entrada, pero esta vez creo que me he pasado con la inspiración… Me he pasado casi tanto como que he acabado escribiendo un pequeño relato que no dudaré en regalar al público que nos lea y a los blogs que nos visitan y que nos felicitan por las entradas que compartimos los cinco. Antes de comenzar con el relato, me gustaría felicitar a todos y cada uno de los miembros de Noches de Nostalgia por regalarnos en sus líneas todos los sentimientos que podemos sentir leyendo sus geniales entradas.
                Continuando con el pequeño relato, he decidido llamarlo “Cambios”, no me gusta destripar finales, pero una pequeña sinopsis nunca viene mal. Este relato empieza con una fatal noticia que le llega al protagonista, y muestra cómo, cuando el tiempo pasa, las cosas cambian y lo que un día estaba en blanco y negro, al otro puede volverse color. Invito a nuestros lectores a que escriban su opinión en los comentarios.

< Los cambios… Dan miedo ¿verdad? Es coger todo lo que conoces y tomarlo de cero. No es como cambiarse de ropa o de zapatos. No, esto es mayor.
A todos les asustan los cambios, y a mí al que más. Pero jamás me iba a imaginar que este cambio me iba a traer al amor de mi vida.
Yo siempre me había aferrado a lo real, a lo seguro, a todo aquello de lo que estaba seguro que iba a acertar.
Todo comenzó aquel invierno. Aquel odioso Diciembre, que cambió toda mi existencia. Mis padres fueron a recoger a mi primo. Íbamos a pasar el fin de semana con él mientras mis tíos iban a un viaje de negocios. Como no quería estar solo, fui con mis amigos a la casa de uno de ellos. Se estaba haciendo tarde. Eran casi las ocho y media, y se supone que volverían a las siete. Los llamé, pero no cogieron el teléfono. Estarían conduciendo.
Sobre las nueve volví a casa, cené algo y me acosté.
A la mañana siguiente la casa seguía vacía. Pensé que habrían salido con mi primo al parque. Como es pequeño, le gusta jugar en la arena, aunque haga mucho frío. Pero me equivoqué. El teléfono de casa empezó a sonar. Medio dormido fui a responderlo.
- Hola, buenos días, llamo desde el Hospital. – dijo una voz femenina al otro lado de la línea.
- ¿Qué pasa? – pregunté alarmado.
- Siento comunicarte que tus padres… - hubo un breve silencio - …han tenido un accidente.
Me quedé mudo. ¿Qué era esto? ¿Una especie de broma? Pero supe que no lo era, no era posible. El número de teléfono era del hospital. No supe cómo reaccionar, qué hacer, qué decir. Colgué sin decir nada. Me apoyé en una pared porque sabía que las piernas me fallaban. Me senté en el suelo arrastrándome por la pared y me eché a llorar. Era lo único que podía hacer.
*             *             *
Estaba empaquetando las últimas cosas que me quedaban. Ya había pasado un mes desde el accidente, y cada vez que me acordaba, los ojos se me llenaban de lágrimas. Ya no tenía nada a lo que aferrarme, me había quedado sin salvavidas. Todo lo que conocía iba a cambiar. Me iba a vivir a casa de mis tíos. El mismo sitio donde mis padres iban a ir, pero no alcanzaron la meta. Cogí mis maletas, las metí en el maletero y, sin decir nada, me metí en la parte trasera del coche.
*             *             *
Por fin había llegado el verano. Me gustaba más el calor del sol que el frío del viento. Tuve que terminar la ESO en otro instituto. Todo el semestre que me quedaba lo pasé solo, sufriendo en silencio. No necesitaba amigos. No necesitaba la compasión de nadie.
Mis tíos se fueron a trabajar y yo me quedé cuidando a mi primo pequeño. Vivíamos en una casa pequeña, pero que tenía un jardín enorme, sin embargo, mi primo siempre jugaba en el de delante, que era más pequeño, pero le gustaba ver pasar los coches. Yo me quedé sentado en las escaleras, leyendo un libro y vigilando a mi primo de vez en cuando para que no se escapara.  Oí un perro, y tenía pinta de ser grande. Después oí a una chica gritándole que parara. Los ladridos se escuchaban cada vez más y más cerca. Vi a un labrador de color negro, algo grande, que se dirigía a mi primo. Él gritó, dejando sus juguetes en el suelo, y después vino corriendo hacia mí para que lo protegiera. Le dije que se quedara detrás de mí. Cuando el perro llegó a las escaleras le grité
- ¡Quieto! – puse la palma de mi mano frente a su hocico en señal de que parara y, para mi sorpresa, se paró de golpe y se quedó sentado en el césped.
- Butter, ¡maldita sea! Mamá me matará si vuelves a hacer eso. – dijo la voz de una chica al otro lado del jardín – Ven aquí.
Era una chica menudita, de mi edad podría decir. Tenía el pelo negro azabache y los ojos de un todo verde azulado. Entró al jardín, agarró al perro por el collar que llevaba y le puso una correa de color marrón.
- ¿Estáis bien? Es algo travieso. – preguntó mirándonos.
- Sí, no pasa nada. – contesté yo.
- ¿Cómo has hecho para que parara? Llevo diez minutos intentándolo corriendo detrás de él.
- Sólo le dije que parara. – volví a contestar.
Se sentó a mi lado sin previo aviso, y empezamos a hablar. Bueno, era ella quien hablaba, yo apenas decía algo. Mientras tanto, mi primo jugaba con Butter, el perro que casi lo mata.
Cuando mis tíos volvieron de trabajar, me preguntaron por esa chica. Les dije que sólo era una amiga.
*             *             *
Ya habían pasado dos semanas, y la chica de pelo negro venía a verme todos los días, acompañada de su perro, pero hoy vino sola. Estaba sentado en las escaleras, y ella se sentó a mi lado, como de costumbre. Me contó que Butter estaba en la perrera, y que posiblemente no volviera a verle. Quise controlarme, pero no pude, y empecé a llorar desconsoladamente. Llevaba mucho tiempo sin desahogarme.
¿Por qué siempre tenemos que perder a las mejores personas? Me acordé de mis padres. De lo mucho que los quería, y de todas las cosas que íbamos a hacer los tres. Todo tirado por la borda.
No hizo preguntas ni me dijo nada, solo me abrazó, y yo correspondí. Todo este tiempo me he negado a recibir ayuda, y es ahora cuando más la necesito. Después de un rato así, abrazándome y yo llorando, me soltó. Siguió sin preguntarme nada, pero sentía la necesidad de explicárselo. Y por primera vez, en muchos meses, me sentí libre, sentí que me había librado de una carga que me estaba devorando la vida.
Ella me consoló. Vino todos los días a verme y, otra vez, después de tanto tiempo, comencé a sonreír, a reír, a alegrarme de la vida. Todavía me quedaba mucho por hacer, y no quería desperdiciarlo. >
                
           Creo que, después de haber añadido este relato a la entrada, queda un poco larga pero, sinceramente, no me arrepiento de haberlo escrito, ya que, es el primero y personalmente lo veo muy bien… Quizás pueda escribir otro…
                Sin más, despedirme, que ya pensareis que soy muy pesado y muy extenso.

domingo, 24 de mayo de 2015

FELICIDAD

La felicidad es muy subjetiva. Es el fin último de la vida de los seres humanos y, sin embargo, puede verse manifestada por distintas circunstancias para cada persona. Para unos la felicidad es el amor, para otros la salud, para otros tantos la suma de estas dos anteriores. Para otras personas, la felicidad se puede conseguir con el dinero, con el poder. Para unos la felicidad es poder despertar cada día, mientras que para otros la felicidad ni siquiera existe.
Pero la realidad es que todos queremos sentirla, todo lo que hacemos en nuestro día a día va encaminado a ella. Si estudiamos es por lograr un futuro próspero y ser felices. Si trabajamos es para conseguir dinero, poder vivir con unas condiciones de vida aceptables y así ser felices. Cuando vamos al supermercado y elegimos los productos que más nos gustan es porque así somos felices. Etc.
Incluso me he parado a pensar en el caso extremo de que hubiera alguien a quien le gustara sufrir y que, por ejemplo, decidiera estar una semana sin comer para, no sé, para sentirse mal. Pero incluso la persona que hiciera eso, lo haría porque pasarlo mal en cierto modo es su felicidad. Es decir, incluso las personas que se niegan a decir que buscan ser felices, en el fondo sí que buscan serlo, aunque por otro camino.

Pues bien, la felicidad nos da muchos quebraderos de cabeza. Cada persona puede tomarla de una determinada manera. Sin embargo, tenemos una tendencia a pensar que la felicidad siempre está por venir. Que alcanzaremos la felicidad cuando terminemos de estudiar y vayamos a la Universidad, una vez allí pensamos que la felicidad vendrá cuando terminemos y tengamos un trabajo, pero entonces sentiremos que no, que la verdadera felicidad llegará cuando nos casemos, luego cuando tengamos hijos, pero nos daremos cuenta de que no seremos felices hasta que crezcan y sintamos que son capaces de cuidarse solos. Así, podemos morirnos sintiendo que no hemos alcanzado nunca la verdadera felicidad.

Yo creo que realmente la felicidad se puede sentir cada día. Puede que no sea algo constante, pero puede sentirse habitualmente en pequeños detalles. Incluso podríamos intentar distinguir varios niveles de felicidad, dependiendo quizás de la importancia de los objetivos que persigamos. Pero volveríamos a la subjetividad, ya que podemos tener un gran objetivo que pensamos que al cumplirlo llegará la máxima felicidad, y luego con el tiempo darnos cuenta de que realmente la felicidad obtenida no supera nuestras expectativas. Y sin embargo, puede que algún factor totalmente inesperado, como una sorpresa de un ser querido o una fortuna del destino, nos haga mucho más felices en un determinado momento. Así, la felicidad no se reduce a las grandes victorias de la vida sino también a las pequeñas del día a día, que son las que, juntas, pueden convertirnos en personas relativamente felices.

Hay un cuento de Jorge Bucay llamado "El buscador" que me gusta mucho, recomiendo verlo antes de seguir leyendo:




Me parece un cuento muy bonito que nos hace pensar que realmente la felicidad no es solo un momento, sino que es el recuento de todo lo vivido, de todos esos pequeños detalles que, sumados, hacen lo que es nuestra felicidad.

También están esos momentos en los que sientes tanta, tanta felicidad, que te dan ganas de que el mundo acabe justo en ese momento porque estás seguro de que podrías morir feliz. Alguien me dijo una vez que algunos poetas del Romanticismo se suicidaban por no ser correspondidos por su amor, pero que otros pasaban años escribiendo cartas de amor a una mujer y cuando por fin conseguían estar con ella y sentían que eran felices, se suicidaban para tener la capacidad de decidir morir felices. En el momento en que escuché esa historia pensé que era una tontería, que nadie muere por ser feliz. Con el tiempo, he podido comprender un poco mejor por qué podían hacer algo así, aunque es bastante extremo, pero después de los momentos de máxima felicidad, pueden venir caídas abruptas y un día pasas de ser la persona más feliz del mundo a sentirte la más triste, pero está visto y comprobado que la felicidad se puede sentir, dejar de sentir, y volver a sentir, solo hay que saber disfrutarla.

Lo que se deduce de todo esto es que todos queremos sentir la felicidad, pero que es algo tan complicado de conseguir como efímero. Pasamos años buscándola y cuando al fin sentimos que la tenemos en nuestras manos se nos escapa. Solo nos queda saber saborearla y nunca arrepentirnos de algo que en su momento nos hizo sonreir.


Siento haber estado tanto tiempo sin escribir. Otra característica que tiene la felicidad es que cuando la sentimos tendemos a olvidar todo lo demás. Luego abres los ojos y te das cuenta de que has abandonado cosas que realmente te importaban. Tendemos a escribir en los momentos en que nos sentimos más tristes, pero bueno, supongo que por eso el blog se llama "Noches de Nostalgia". Un abrazo a todos.



sábado, 18 de abril de 2015

No seas como el de enfrente... ¡sé diferente!



¿Cuántas veces hemos sentido que cuando hacemos aquello que nos gusta, por una razón u otra, hay algo que hacemos mal y que nos desmotiva para seguir nuestro camino? ¿Cuántas  otras hemos sentido esto por alguien que nos ha hecho la vida imposible para desmotivarnos? Es cierto que a lo largo de nuestra vida siempre habrá dificultades o personas que nos quieran alejar del camino que queremos seguir, simplemente porque no están seguras de sí mismas… Navegando por Internet he encontrado un vídeo que me ha hecho reflexionar y que no podía dejar que cayera en el olvido, por lo tanto, he decidido subir esta entrada. La moraleja que este video me ha enseñado es que, aunque existan estas personas amargadas que, ya que no son capaces de hacer algo, nadie puede hacerlo, sólo tienes la opción de elegir entre bajar los brazos y perder todo el progreso y el tiempo dedicado o mostrarle al mundo qué es lo que amas y que seguirás adelante sea como sea. Os dejo el video: