lunes, 10 de agosto de 2015

Viajes en coche


Todos viajamos en coche, ya sea a destinos cercanos como a lejanos. Muchos pensaran que el viaje en coche puede ser algo aburrido: salir de tu ciudad y ver kilómetros y kilómetros de asfalto, ver cientos de coches, aguantar el traqueteo de las zonas donde la carretera esta algo más desgatada y tiene baches... Debido a este pensamiento, tendemos a ocupar el tiempo del viaje sumidos en nuestro smartphone usando diferentes redes sociales o jugando, lo que hace que no apreciemos la belleza natural y arquitectónica que se nos ofrece durante el viaje. No me refiero a filigranas en las carreteras, sino a las estampas que podemos apreciar.
"Horses & Music 2015" - Escuela de Arte Ecuestre "Costa del Sol"

Si ponemos como ejemplo viajar durante las primeras horas de la mañana o incluso durante el amanecer, podemos apreciar como el cielo va clareando y el sol aparece entre las montañas, las ciudades empiezan a tener movimiento... Si viajamos durante la mañana o la tarde podemos apreciar la naturaleza en su pleno fulgor: animales que buscan comida, trabajadores del campo trabajando sus tierras... Los viajes que se dan en la tarde, durante el anochecer, a mi juicio, son los que más belleza nos aportan: el sol de un tono anaranjado ilumina con sus últimos rayos la naturaleza, dando paso a un escenario oscuro que iluminará la luna, otorgando una magia indescriptible. Si a estos viajes les añadimos ciertas canciones, pueden convertirse en momentos fascinantes.

Este fin de semana lo he pasado en la localidad malagueña de Estepona donde, aparte de la visita familiar, he disfrutado de toda la belleza y el arte que la Costa del Sol puede ofrecer: infinitas zonas de costa bañadas por el Mar Mediterráneo, la degustación de la exquisita cocina que nos brinda la zona mediterránea y una espléndida muestra de Arte Ecuestre ofrecida por la Escuela de Arte Ecuestre “Costa del Sol” donde pude disfrutar de la combinación de la música tradicional del territorio andaluz como el flamenco y un espectáculo de arte ecuestre de mano de los jinetes profesionales que regentan este Centro de Arte Ecuestre.
Jinetes saludando al público del Palco Principal sobre sus caballos.


Mi viaje comenzó en la temprana mañana del Sábado junto a mi padre, saliendo de casa aproximadamente sobre las 8 de la mañana en dirección a la malagueña ciudad. Aunque el tiempo no acompañaba mucho, a medida que avanzaba por las provincias de Sevilla y Málaga, el tiempo mejoraba poco a poco. Acompañados de una tranquila selección musical que sonaba en la radio del coche, ver despuntar los rayos de sol a través de las nubes que cubrían el cielo por la zona central de la comunidad autónoma, hizo de la mañana un momento especial, donde el paisaje mostraba los mágicos rincones que hacen de Andalucia más especial de la península. A medida que la mañana avanzaba y nos acercabamos a la costa malagueña, empezamos a observar la diversidad turística que ofrecemos, así como la diversidad cultural que podemos aprender de nuestros turistas. Aproximadamente sobre las 11 de la mañana lleguamos a Estepona, haciendo nuestra primera parada en la Escuela de Arte Ecuestre para hacer la visita principal a mi madre. Despues de la emoción del reencuentro se ofreció a presentar en su oficina a “su hijo pequeño del que nunca dejaba de hablar” y a mostrarme las instalaciones mientras mi padre descansaba del viaje en el restaurante. Tras visitar a mi madre y ver las instalaciones del Centro Ecuestre, mi padre y yo decidimos ir a la playa cercana al centro mientras llegaba la hora de comer. Despues de seis años sin visitar la playa, mi primer impulso no fue el de tirarme al agua, sino el de pasear por la arena mientras observaba el horizonte y escuchaba las olas chocar con la arena de la costa. Despues de comer, decidimos dormir un poco para descansar del viaje y prepararnos para el espectáculo.

Personalmente, se que los artes andaluces por excelencia son el flamenco y la equitación, pero no conocía las sensaciones que producen ver las muestras de doma ecuestre en directo. Realmente fue algo indescriptible que recomiendo ver al menos una vez en la vida en directo, ya que cambia muchísimo de una forma a otra.
Durante el Domingo, mi padre y yo paseamos por el Paseo Marítimo de Estepona tras hacer diferentes recados hasta la hora de comer, cuando mi madre terminó su turno y volvió a casa. Aprovechamos para almorzar en el restaurante especializado en pescado y marisco de debajo de casa e ir a la playa a disfrutar de la maravillosa tarde que se ofrecía, aunque tuvieramos que tener bastantes precauciones mientras nos bañábamos debido a la presencia de medusas.

Durante el camino de vuelta, pese a tener que soportar diferentes retenciones por la autovía de la costa, pudimos disfrutar de un maravilloso escenario que nos ofrecían los rayos de sol anaranjado reflejandose en el agua del mar mientas el cielo perdía su brillo y los faros de las zonas costeras comenzaban a funcionar. Acompañados de la misma música que en el camino de ida, pudimos disfrutar de la vuelta y de las estampas que nos regaló, como la capital malagueña iluminada por las farolas de las calles y el Mar Mediterráneo delimitando el fin de la península...
Para finalizar esta larga entrada, aconsejo dejar de mirar las pantallas de los smartphones y mirar las maravillas que el paisaje andaluz ofrece.

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