domingo, 8 de junio de 2014

Lo efímero de nuestro existir...

¡Hola! Hoy vengo a reflexionar un poco escribiendo sobre la marcha, como a mí me gusta. Pero antes quiero dar la explicación del motivo que me ha llevado a decidir escribir.

Hace unos días hacía mucho calor y decidí sacar el ventilador, que estaba guardado desde el verano pasado. Por lo visto el ventilador tiene dos partes: las patas y eso redondo que da vueltas. Yo pensaba que las dos partes estaban juntas y lo levanté entero para transladarlo, pero entonces las patas se separaron y me cayeron sobre el pie derecho. Yo no me imaginaba que eso pesara tanto... me hizo una herida que me dolió bastante. Entonces me di cuenta de lo débiles que somos las personas: nuestra personalidad, nuestros sueños, nuestros recuerdos, nuestras ilusiones, nuestros sentimientos, nuestra forma de ver el mundo... todo está en nuestro cuerpo, que es como una coraza que nos protege del exterior y de todos sus peligros, y sin embargo esta coraza, con tanta responsabilidad, es tan débil que un solo mal golpe puede acabar con todo lo que conocemos en milésimas de segundo. Resulta un tanto perturbador.

Las personas somos tan débiles que un pequeño golpe nos causa heridas, el contacto con un objeto caliente puede causarnos marcas de por vida, incluso el simple hecho de tener una pulsera un poco apretada en la mano nos deja marcas, aunque sean efímeras... ¿Cómo es posible que, con lo importante que es nuestro interior, esté protegido por algo tan débil como nuestro cuerpo? 

Yo por ejemplo, cuando era pequeña, me corté la palma de la mano derecha con un vaso y me dieron puntos. Es... sorprendente comprobar que el recuerdo de algo que sucedió en unos segundos hace más de diez años, quedará por siempre grabado en mi mano, como muestra de lo débil que es nuestra piel, como muestra de lo que puede suceder.


Y sin embargo ésto no quiere decir que debamos vivir en una urna de cristal encerrados. Hay personas que por ejemplo tienen miedo de salir de su casa por lo que les pueda pasar (agorafobia) y otras personas tienen miedo a contraer enfermedades y piensan que tienen todo tipo de males (hipocondríacas)... Todas estas personas viven temerosas, recluidas, con miedo de morir, pero... ¿qué sentido tiene vivir temiendo a la muerte? Eso no es vivir, es estar constantemente temiendo perder algo que no tienes. Porque si no disfrutas de la vida, la descubres y la aprecias, no estás viviendo, por lo que entonces no deberían tener miedo de perder algo que no han empezado a disfrutar. 


Pero bueno, yo, a pesar de que me resulta curioso pensar lo débiles que somos, soy de las personas que piensan que la vida hay que vivirla al máximo, teniendo cuidado, pero no temerosos en exceso. Si hay que saltar en paracaídas, se salta. Porque aunque puedas morir, lo que quieras hacer tienes que hacerlo en esta vida, porque lo que está claro es que cuando mueras no lo vas a hacer. Así que, ¿qué más da dar todo lo que puedas de ti mientras vivas? ¿Qué vas a perder? ¿Algo que no es del todo tuyo? Al fin y al cabo estamos en esta vida mientras se nos permita, porque por más que se empeñe alguien en controlar su salud, en mantener su cuerpo... nadie puede controlar su vida al 100 %.

Creo que la única ocasión en la que he sentido realmente miedo por mi vida fue hace unos tres años, cuando me caí de una bici por una cuesta con muchísima pendiente. Fue una experiencia horrible, el manillar se dobló y de pronto dejé de tener el control, empecé a rodar por el suelo sin poder parar, y sólo fueron unos segundos, pero recuerdo cada milésima de ellos. Me fui golpeando todo el cuerpo: las rodillas, las manos, la cara... cuando por fin pude parar, me miré las manos y estaban ensangrentadas. Me sentí débil. Era una sensación horrible: todo lo que pensaba que era la vida, todas mis preocupaciones, todo mi mundo, podría haberse acabado allí. Eso me hizo darme cuenta de lo efímera que es nuestra existencia aquí, y por eso mismo hay que disfrutar de cada unos de nuestros días, sin tantas preocupaciones, porque todo se acaba en un instante.

Así que hay que vivir cumpliendo todos nuestros sueños, sin miedo pero con cautela, y siempre dando lo mejor de nosotros :)


2 comentarios:

  1. Ahora al leer el título, me he acordado de la Copla I que Jorge Manrique escribió en "Coplas a la muerte de su padre".
    Jorge Manrique, autor español del siglo XV, escribió esas coplas depués de que, como el propio título de la obra dice, su padre muriese. Allí él estaba muy afectado y se daba cuenta verdaderamente de lo efímera que es la vida. Al final de la copla, encontrarás una frase que tú misma has mencionado en este blog en otra entrada pasada y que es un dicho popular que todo el mundo dice.
    La copla me trae recuerdos del pasado, porque mi profesor de Lengua Castellana y Literatura de 4º de ESO nos obligaba y motivaba a aprendérnosla para que nunca olvidásemos que debemos de aprovechar el tiempo:

    Recuerde el alma dormida,
    avive el seso y despierte
    contemplando
    cómo se pasa la vida,
    cómo se viene la muerte 5
    tan callando,
    cuán presto se va el placer,
    cómo, después de acordado,
    da dolor;
    cómo, a nuestro parecer, 10
    cualquiera tiempo pasado
    fue mejor.

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  2. Hola Andrea, he leído tu entrada un par de veces además de la primera vez que me la pasaste y creo que es sencillamente genial. Como siempre, consigues transmitir lo que piensas dando como ejemplo tu propia experiencia. Eso es lo que me gusta de ti, que cuando hablas, no hablas por hablar, tienes una razón más que suficiente para defender tu postura. Yo no estoy dentro de tu cabeza para saber lo que piensas en cada momento pero, lo que desde fuera puedo observar es que no te tomas muchas molestias en descubrir si algo es correcto para los demás o no, solo te planteas si es correcto para ti o no lo es, y creo que esa es una gran virtud que hoy en día escasea. Me encanta cómo te planteas las cosas desde tu perspectiva y me encanta tu particular forma de ver el mundo.
    Creo que tienes toda la razón en eso que dices de que las personas somos débiles. Somos seres ambiciosos, en el buen sentido de la palabra, es decir, nos ponemos metas, tenemos ilusiones, sentimos, soñamos, nos enamoramos,… y todo eso en cierto modo yo no diría que nos hace débiles, yo diría vulnerables. Vulnerables porque todo nos afecta, todo nos importa, todo nos duele,… Si hubiera que encerrar todo esto en una frase, y aquí grito un hurra por ti, sería la que tú has sugerido y que a mí, personalmente, me ha encantado, “¿Cómo es posible que, con lo importante que es nuestro interior, esté protegido por algo tan débil como nuestro cuerpo? “. Creo que esa frase es magnífica. Tienes toda la razón, es paradójico usar como protección para lo que más valor tiene en un ser humano como es su alma y sus sentimientos, con una coraza tan débil como es el cuerpo humano. Pero ojo, el cuerpo no hay que subestimarlo, pues está considerado la máquina más perfecta que existe aunque, volviendo al tema, sigue siendo débil. Un simple corte, un rasguño, un roce tonto, puede dejarnos marcas para toda la vida. Son cosas de la naturaleza que no tienen explicación.
    Por último, me gustaría resaltar algo que me ha llamado mucho la atención porque es una idea que tú dejas muy clara y además es algo que siempre me ronda por la cabeza. Vivimos con miedo a morir. Resulta extraño pero es cierto, este miedo no nos deja vivir al 100%. Quizás ese miedo sea lo que nos hace tan débiles y vulnerables, el miedo ya no solo a la muerte sino, como expliqué en una de mis entradas, el miedo a perder las cosas que nos importan. Esto nos lleva a pensar que es absurdo decir que nuestra vida no es nuestra pero es cierto, la vida es un regalo que se nos hace y que algún día hay que devolver. El consejo es aprovechar al máximo mientras la tengamos y procurar disfrutar siempre que se pueda. Hoy, miro mis cicatrices y no pienso que sea una pena que esté ahí para siempre, pienso “esta es de cuando me apunté al equipo de baloncesto y me di un golpe en un partido… qué feliz era”, “esta tan grande es de aquel maravilloso puente de mayo cuando subí al castillo y me caí bajando, que feliz me sentí aquellos días…” miro las marcas de mi cuerpo y me siento feliz porque cada una de ellas encierra unos recuerdos que, para bien o para mal, no sirven más que para que nunca se me olvide quién soy, donde he estado, ni qué me hacía sentir feliz en aquellos momentos. Muchas gracias por esta entrada tan fantástica y espero que pronto nos traigas más. UN ABRAZO SUPER GIGANTE!!! ADIOS.

    Antonio Mazuelos.

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